Quién fue José Gregorio Hernández, el "médico de los pobres" de Venezuela al que el papa Francisco beatificó
Febrero 6 de 2022
La ceremonia fue transmitida en cadena nacional de radio y televisión en Venezuela y se celebró en la Iglesia del Colegio La Salle de Caracas.
La beatificación del médico, docente y filántropo venezolano José Gregorio Hernández fue anunciada el año pasado, cuando la Conferencia Episcopal Venezolana confirmó que el papa Francisco había dado su visto bueno.
Hernández es una figura extraordinariamente popular en su Venezuela natal, en la que muchos creyentes le atribuyen curaciones milagrosas.
Dalia Correa, jubilada residente en Caracas, le dijo a BBC Mundo lo que significa para ella la figura del ahora beato de la Iglesia católica.
"José Gregorio es mi fortaleza espiritual; sé que está siempre conmigo y he tenido experiencias tangibles de su presencia".
Es tal la devoción que hay por él, que muchas madres venezolanas les ponen a sus hijos el nombre de José Gregorio.
La señora Correa es una de ellas. "La gente le tiene mucha fe", explica, con lágrimas en los ojos.
José Gregorio, como le conocen cariñosamente sus muchos devotos, según sus biógrafos, destacó por sus aportaciones al desarrollo de la medicina moderna en Venezuela, la generosidad con la que atendió a pacientes de bajos recursos y su fe religiosa.
Nacido en la pequeña localidad de Isnotú, en el estado Trujillo, en el centro-oeste de Venezuela, en 1864, pronto destacó en los estudios y fue enviado a Caracas, donde se graduó en Medicina con excelentes calificaciones en la Universidad Central (UCV).
Completados sus estudios, prefirió regresar a su pueblo natal para atender allí a sus pacientes. Los médicos rurales como él tenían que lidiar en la Venezuela de finales del XIX y comienzos del XX con enfermedades como la tuberculosis o el paludismo, muy extendidas entre la población.
Hernández obtuvo una beca para completar sus estudios en París, entonces a la vanguardia de la ciencia médica. Allí conoció avances que llevaría a su país.
Según el padre jesuita Arturo Sosa, "José Gregorio Hernández integra una excelente formación científica en su experiencia espiritual que lo lleva a ponerse al servicio de quien lo necesite, con especial predilección por quienes no se lo pueden retribuir".
El doctor Hernández destacó como docente e investigador, pero lo que le hizo ganar fama entre los sectores populares fue su labor en la consulta, ya que atendía gratuitamente a los enfermos pobres.
Se le atribuye haber introducido el microscopio y haber sentado las bases de la bacteriología y otros campos científicos hasta entonces apenas desarrollados en Venezuela.
El doctor Hernández era también un ferviente católico y por dos veces intentó ordenarse sacerdote. En 1908 fue admitido en el monasterio de Cartuja de Farneta, en la Toscana, Italia, pero a los pocos meses mostró síntomas de una enfermedad respiratoria que aconsejaron su regreso a Caracas.
Un segundo intento en un seminario romano en 1913 terminó de la misma manera.
Ya asentado en Venezuela desarrolló una amplia labor clínica e investigadora, e incluso completó un tratado de filosofía.
El 29 de junio de 1919 murió atropellado en una céntrica calle de Caracas por uno de los pocos automóviles que circulaban por Venezuela en aquel entonces.
Muerto el médico, nació el mito, y el culto a su figura llega hasta la actualidad.